Prologo
−
¡NO!− grite mientras corría.
El miedo surgía a todo paso dentro de mí, bajaba y
subía, latía fuertemente en mi corazón, nada podía detenerlo, solo podía sentir
miedo, angustia, y más miedo…
Corría rápidamente con la intención de esconderme,
todo estaba oscuro o gris, la verdad no veía mucho, solo un montón de árboles a
mí alrededor, arboles finos, viejos y tenebrosos, sus ramas permanecían secas,
el suelo estaba totalmente cubierto de hojas secas y rotas y había mucho…
fuego.
Seguía corriendo…
Tengo que
esconderme… pensé.
Rápidamente corro y cruzo por un sendero y sin
darme cuenta tropiezo con una inesperada roca y caigo en un riachuelo…oh un riachuelo en medio de todo esto.
No es normal, quiere decir que tengo esperanza.
Me levanto sin pensarlo dos veces y sigo
corriendo, las hojas secas del suelo se levantan cada vez que corro, miro a los
lados y ya no veo nada, no hay más árboles, solo una densa niebla, gris… y más
hojas…
Me detengo y giro a todos lados pensando si podría
encontrar una salida, algo que me diera la esperanza de volver y reírme de esto
en el futuro, pero no había nada.
Sentí un fuerte apretón en mis pies, me dolían los
pies, mucho, estaba descalzo y cortado, mis brazos araños por las viejas ramas
secas del bosque, mi rodilla rota, la veía sangrar desde mis pantalones
blancos… ¿Cómo es que paso todo esto?
De repente el suelo templo y las hojas nuevamente
se desplazaron hacia arriba.
Viene tras de
mi…pensé.
Volví a correr a pesar de mi dolor, de mi
desespero, de mi miedo, ni siquiera sabía a donde estaba corriendo, esto estaba
mal.
Ya no quería correr, pero no podía, mi respiración
se estaba agotando y sentía las ganas de detenerme, miro a la izquierda
mientras corro y puedo ver algo brillante que viene hacia mí.
−¡NO!− chilló mientras caigo hacia atrás
esquivando el fuego.
Giro mi cabeza hacia mi derecha y puedo notar que
el fuego comenzó a crecer gracias a las hojas secas.
Estúpidas
hojas… pienso.
Me levanto nuevamente pero ya es tarde, demasiado
tarde, giro y miro.
La tierra tiempla detrás de mí, a mi alrededor, a
todos lados, las llamas del fuego aumentan mucho más, no sé a dónde ir, ¿Qué
debo hacer?
El agua…pensé.
Regrese sin dudarlo hacia el riachuelo, los pies,
los pies, ahora me quemaban, ahora me ardían, el suelo estaba caliente, muy
caliente, vuelvo a observar a los arboles pero esta vez habían muchas llamas.
A lo lejos observo más bolas de fuego, en varias
direcciones, como flechas hambrientas buscando su blanco, de hecho, yo estaba
vestido de blanco… ¿Cuándo iba a cavar? Serena me dijo que no podía irme, que
debía enfrentarme a ellos, pero ¿Cómo?, es una locura.
Me acerco al agua y meto mis pies me coloco en
cuclillas, me olvido de esta posición y me acuesto boca abajo del riachuelo,
por suerte logra cubrirme, pero muy bajo, podrían verme.
Escucho sus voces…
Escucho a los perros.
¡Rayos estoy
desarmado! Pienso mientras saco
la cabeza.
Ellos vienen caminado, me estaban buscando, ellos
vienen y los perros también, esos odiosos perros con colmillos gigantescos,
dudo que sean perros, detrás muchas bolas de fuego y otras que no se
identificar.
− ¡allí en el riachuelo!- Grita uno de ellos con
voz chillona y asqueada.
Me levanto y vuelvo a correr, pero esta vez
siguiendo al riachuelo, me golpeo con las rocas pero me vuelvo a levantar sin
importar quién me sigue.
Debo
sobrevivir, debo sobrevivir.
Sigo corriendo y más árboles me rodean, pero esta
vez no hay fuego, solo humo y… niebla y… hojas, todo están confuso.
Delante de mí hay algo gigantesco, le toco y es
arenoso, es…
Rayos…
La montaña está cerca de mí, ¿ahora qué hago?
Las escucho, sus risas, a ellas sobre los árboles,
sé que me están mirando, sé que pueden observarse, pero yo no las veo.
−
oh, Virginia,
mira sus ojos marrones, se parecen al chocolate− dice en tono burlón.
−
Cariño, no
tengas miedo… no vamos a comerte−
Miro sobre el árbol delante de mí y puedo notar
que están allí, corro a mi izquierda y veo que me siguen.
El
túnel, el túnel… Serena menciono un túnel
Corro rápidamente sin darme cuenta de las cortadas
de mis pies, sin dejar de tocar la montaña, vuelvo a ver fuego y observo a los
perros, esos desgraciados perros.
Caigo, pero me levanto y vuelvo a correr, corro,
solo puedo correr hasta que pierdo el equilibrio y todo esta oscuro, caigo a mi
derecha, caigo hasta muy debajo del bosque saliendo del estúpido túnel que no
había reconocido.
Del otro lado hay más bosque, pero no tiene hojas
secas, solo hay árboles secos, y miro el riachuelo.
Si lo sabía…pensé
Corrí hacia el riachuelo y le seguí.
Olía a humo, olía a quemado, ya no lo podía
soportar más, mira hacia atrás y las vi, las vi detrás, corrí, ya me vieron,
saben quién soy.
Llego al
final del riachuelo y debajo observo gran precipicio, a tres metros del ya no
hay árboles, y probablemente la distancia contra la otra parte del camino son
como dos metros, allí estaba ella, corriendo.
−
¡DIANAAAAA!
Grite.
Ella giro con su cabello rubio y me vio, subió sus
manos a la cabeza y el paso por sus vestidos blancos.
−
¡LION!
¡CUIDADO!− Grito Diana desde el otro lado.
Gire y vi una gran bola de fuego, me agache y la
esquive, Diana hizo lo mismo, se levantó primero que yo y al mirar hacia
delante vi a la estúpida bruja.
Venía a toda velocidad, no pude detallarla, paso
sobre mí riendo estúpida y chillonamente, gire detrás y me levante, Diana miro
a la bruja.
−
¡CORRE!−
Grite…
Ella obedece, pero es tarde.
−
A…a…aaaaa-
canturrea la estúpida bruja
Ahora, Diana no está, y la bruja no está.
Rayos… Pienso desesperadamente.
En un momento inesperado, miro a mi
alrededor y veo dos gigantescas manos sobre mis brazos, trato de soltarme pero
no puedo… no puedo soltarme… me queman, las manos me queman, las odio tanto.
Giro y lo veo, le golpeo y me
suelta.
Vuelo por los aires y caigo al suelo
chocando con las rocas, me levanto y allí está el, con su estúpido pero, le doy
la espalda y miro hacia delante de mí.
Mis lágrimas caen por mi cara, mis
ojos no resisten más, es hora… es hora…
Giro y miro sin piedad, coloco mis
manos como jarra y cierro los puños, no me gusta hacer esto pero debo hacerlo,
debo hacerlo.
Grito…
Él no quiere escuchar, me mira con
miedo y se va, no esperaba esto de mí.
Al no verlo a él y su estúpido
perro, giro al otro lado del camino y allí
esta…
Mis ojos se llenan de lágrimas, y
caen sobre mi rostro… no.
Diana…
